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Cultura:
CINE . Una evocación a la obra del escritor gualeyo
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La orilla que se abisma, o el arte de sugerir
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BÚSQUEDA. La tensión entre lo dicho y lo no dicho, entre lo visible y lo invisible, es constitutiva del largometraje dirigido por Fontán. |
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La poesía de Juan L. Ortiz, su belleza y ritmo pausado, al igual que el movimiento calmo del viento sobre los árboles o el fluir de una hoja suavemente impulsada por el río son ejes en La orilla que se abisma, que Gustavo Fontán filmó en Entre Ríos y que se presentó en la Sección Oficial Argentina del décimo Bafici. En Paraná, se estrenará el viernes, en única función.
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Planteada como un viaje por el río, La orilla que se abisma la nueva película del director Gustavo Fontán es un ‘diálogo´ con la poética de Ortiz y parte de algunos interrogantes: “¿Será posible mirar y mirar, y mirar, y llegar hasta el sentido del río más allá del río? ¿Será posible mirar el paisaje hasta descubrir las dimensiones de lo que lo trasciende, es decir, lo abisma?”. Para explicar su acercamiento a la poética de Ortiz, Fontán apela a los matices y texturas de la naturaleza, al fluir pacífico de la cámara y al fuera de foco para traducir en imágenes el arrobamiento que el poeta sentía frente al paisaje brumoso del río entrerriano. En una entrevista que brindó a Télam, el cineasta manifestó que la película está planteada “como si fuera un viaje físico y espiritual”. “El movimiento y la búsqueda que ese viaje implica tienen que ver con la poética de Ortiz, con una especie de devenir en la formulación de sus versos, en el transcurso, en el movimiento. El elemento narrativo era el viaje, ir de un punto al otro constantemente e instalar movimientos que sugirieran esa idea, pero desde un personaje ausentado, desde una mirada”. La película invita al espectador a compartir ese viaje, ya que, indica Fontán, “creíamos que ese era el lugar en el que teníamos que poner al público, en la dimensión de un viaje que requiere serenidad, que obliga a cierta instancia de tranquilidad...
RIESGOS. Calificada como ‘hipnótica´, ‘bellísima´, ‘contemplativa´ y ‘onírica´, la película invita a reflexionar y descansar la mirada, en una época de zapping en la que todos corren. Esta perspectiva es asumida por el director con sus bondades y limitaciones. “Efectivamente, adoptar esta estructura y un ritmo alejado del vértigo contemporáneo representó un riesgo, pero ese riesgo no es algo caprichoso, sino que parte de una concepción muy seria sobre la vida y sobre las posibilidades poéticas del cine. Esa era la única fidelidad posible a Ortiz. Pero también creo que hacer una película es una toma de posición frente al mundo. Para mí era una reconciliación con el mundo, era la posibilidad de detenerme a ver que está ahí, mirar como crecen las flores e invitar al espectador a verlo también”. “A veces las cosas se vuelven tan cotidianas que uno se olvida de su existencia, de mirarlas. Uno las pone tan entre paréntesis que en esa ausencia muchas veces ausenta a uno mismo y ausenta a los otros. Creo que esa detención para mirar al mundo no es una elección utópica sino simplemente una toma de posición frente a las urgencias que el mundo actual nos propone para ausentar cualquier necesidad real y reemplazarla por otras más superfluas”. -Esta reflexión también cabe para tu estilo de cine, porque la forma de la película no es para nada habitual. -Creo que no hay que hacer una película en contraposición a otra cosa, sino con la convicción de que no hay una sola cosa, que no hay un solo camino, que hay una diversidad de formas y miradas y que esa diversidad es la que realmente deberíamos valorar. Como creadores debemos valorar la multiplicidad, la diversidad y la posibilidad de que las cosas puedan ser de otra manera. -¿Un llamado en contra de la normalización y el unilateralismo que reinan en el mundo? -Sí, en contra de lo homogéneo como un valor en sí mismo. Yo creo que eso no está bueno, porque perdemos la dimensión humana del mundo en la medida en que todo se parece. Quién decide a qué deben parecerse las cosas y los hombres. Como gente que hace arte debemos proteger y resguardar la posibilidad de lo múltiple. UNIVERSOS POÉTICOS. -¿Qué es lo que más le atrae del universo poético de Ortiz? -Es una poética de una paciencia que no es de acceso fácil, pero cuando uno hace un primer esfuerzo y entra, hay una cosa de la musicalidad, del movimiento, de cada palabra, que te arrastra, que tiene un valor poético en sí mismo. El armó su poética a lo largo de 60 años, como una paciente mirada sobre el mundo
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