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Interés General:
DE JERARQUÍA . El cantautor español convocó 10 mil personas en Santa Fe
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Sabina conmovió al cementerio de los elefantes
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MOLESTIAS. Sabina junto a Pancho Varona soportando el asedio de los insectos. |
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Con un desarrollo sin respiro durante casi dos horas y media, el artista y su banda brindaron un show sin fisuras en el que repasó parte de su extensa producción en el estadio del Club Atlético Colón de Santa Fe. No faltaron los clásicos en un ritual que tuvo en el cantante un protagonista que pese a pasar las seis décadas de vida, mostró su buena forma y que aún tiene cuerda para rato.
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Apenas tres minutos después de la hora indicada oficialmente para el inicio, el apagón hizo estallar a las miles de gargantas reunidas en el estadio del Club Atlético Colón de Santa Fe. En la penumbra del anochecer de una jornada de calor y humedad agobiante, los primeros acordes de Tiramisú de Limón, despabilaron a los fanáticos y no tanto que el domingo se dieron cita en Santa Fe para compartir su encuentro con Joaquín Sabina. El cantautor llegó a la ciudad vecina en el marco del tour por Argentina para presentar su nuevo CD, Vinagre y Rosas Precisamente una canción de este album compuesto en Praga, Viudita de Cliquot, marcó la continuidad de un recital que creció esforzadamente de menos a más, en un recorrido desde los temas más nuevos de su último trabajo –algo desparejo por cierto- hasta llegar a vibrar con el público en el cierre con clásicos como Y nos dieron las diez, Princesa (probablemente el tema con mayor energía del show) Peor para el sol Sin altibajos Sabina transitó la primera parte del recital, que cerró con Llueve sobre mojado. A los 50 minutos del inicio, dejó el escenario para que la banda mostrara lo suyo y allí sí, pudo percibirse en plenitud el potencial de los músicos y la voz Con gran profesionalismo, pese a la presencia masiva de molestos invitados (una invasión de insectos sobre el escenario) y acompañado por la solidez de una banda de amigos que se conocen y tocan de memoria. Se destacan, en este ensamble Pancho Varona y Antonio García de Diego. Este último, verdadero hombre orquesta y junto al anterior responsables de buena parte del éxito de Sabina, además de teclados y guitarras, ejecutó el mandolín. Ya casi sobre el final del recital –en el primer regreso antes de los bises- demostró ser un excelente cantante. En la segunda parte vendrían, entre otros, Nos sobran los motivos, Cristales de Bohemia, Menos dos alas y Hay, Carmela. Dos momentos permitieron en ese segmento apreciar la calidad artística de Marita Barros, la vocalista que Sabina escogió para que forme parte del tour. La primera de ellas fue Y sin embargo te quiero, en clave flamenca, en un despliegue que se ganó la ovación del estadio por su participación en esa gran pieza del madrileño. El restante fue La Magdalena, en el que se trabó en un juego de seducción (tamizado de humor) con Sabina confluyendo en un dúo para la memoria. Se sumarían, luego, con la popular enfervorizada, 19 días y 500 noches, Aves de paso, Calle melancolía Por el bulevar de los sueños rotos y la infaltable Con la frente marchita.
INVITADOS INESPERADOS. La nota distintiva del festival, por el que seguramente quedará –entre otros aspectos- en el recuerdo no sólo del público sino principalmente del artista y su banda, la dio una legión de asistentes que llegaron sin que los invitaran: la invasión de insectos sobre el escenario. Atraídos por los potentes reflectores y la iluminación, el bicherío no dejó de importunar un instante al cantante y su banda a lo largo de todo el recital. Al punto que el fenómeno mereció la referencia explícita de Sabina en tres oportunidades. “Sabíamos que veníamos al cementerio de los elefantes”, dijo Sabina en alusión al apodo con que se conoce al estadio, y arrancó una ovación al reconocimiento. “Lo que no sabíamos es que en realidad nos encontraríamos con Jurasic Park” acotó inmediatamente con esa dosis de humor ácido que lo caracteriza mientras espantaba insectos. Más tarde, y en referencia a los molestos visitantes –cuya presencia impidió trabajar con comodidad a la banda y al artista hasta más allá de la mitad del recital- agregó el madrileño al presentar a la cantante que lo acompañó en coros: “Es la primera vez que está en América . Nunca pensó que al subir a un escenario iba a estar también en un circo romano luchando contra estos dragones –y sus palabras sonaron a disculpa, ya que durante la primera mitad del recital la hermosa voz de la mujer no pudo apreciarse plenamente por la incomodidad que le generó la lucha a brazo partida contra los voladores. Promediando ya el recital, la situación generó una nueva alusión a “esta turba de nocturnas aves que deberían estar en proceso de extinción”.
FIESTA.De todos modos, y a pesar que los insectos constituyeron un real problema para generar un clima pleno de conexión para el artista y su público, la visita de Sabina a Santa Fe tuvo el sabor de una fiesta, que disfrutaron con intensidad los miles de fanáticos que ubicados en la tribuna corearon sus canciones en la popular –sector al que el artista se acercó permanentemente- y sobre el campo, donde cada uno de sus temas, desde el inicio, fue acompañado. Casi dos horas y media habían pasado desde los primeros acordes de la banda cuando al grito de Olé Olé Olé, Joaquín, Joaquín, el músico subió para entregar Pastillas para no soñar –una verdadera declaración de principios, como lo son cualquiera de sus canciones- en un último bis y despedirse en paz, esperando alguna vez “que volvamos a vernos”.
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